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“El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad”. Charles Dickens La gente normal suele soñar viajes al otro lado del mundo. Se ven vacionando en Italia, Francia, España o Inglaterra… mínimo piensan en probar suerte en Las Vegas o ir a Canadá a ver la nieve. También los hay que prefieren ir a Sudamérica y se lanzan a Argentina a atiborrarse de carnes, a Brasil a echarse el taco de ojo con las nalgas de las muchachas, a Colombia a operarse las bubis… o a Cuba a darse una vuelta por Varadero en busca de algún placer. Mi sueño era muchísimo más simple: pensaba en comprar un cochecito para viajar de punta a punta de México y hacer de mi vida una road movie en lugar de una película aburrida como la que había vivido los últimos años encerrada en mi oficina. Dicen, los que creen en eso, que debes tener cuidado con lo que deseas porque se te puede conceder. No compré el coche en cuestión… o más bien sí lo compré, pero viajar yo sola en él me dejaría en la ruina y he vivido tantas cosas en ese chevy que me da miedo que se me quede a medio camino… Resulta que en el momento que escribo estos apuntes me encuentro desparramada en la cama de un tracto camión… tantos años trabajando para Gruver y no alcanzo a distinguir si es un Columbia o un Cascadia; pero dice Freightliner bien clarito. (Esperanza Carrión, le dices a tu patrón que me pague el patrocinio). Debo decir que está a toda madre… que no se pasa nada de frío y que si miro bien el panorama, este camarote es casi del tamaño de mi cuarto pues en el mundo real vivo en una mini casita. Llevo casi 6 meses viajando con este circo. Soy una extraña en este mundo de artistas. Soy común. No tengo ningún talento extraordinario como casi todas las personas entre las que vivo; pero estar aquí, en este camión en el que he dormido la última semana, ha hecho que se cumpla de algún modo mi sueño de andar del tingo al tango mientras decido regresar a la vida normal, casarme y tener un hijo (ya merito, familia, ya merito). No he recorrido todo el país tal y como lo soñé, si acaso he conocido algunas ciudades del norte de México y debo decir que ya me cansé. Ser trotamundos no es fácil. No sé cómo le hacen los de circo. Escribo estos breves apuntes porque mañana es navidad y estaré aquí sola cual perro y como que siento feíto. No es que me importen las fiestas, sino que de repente sí hace falta el asunto de estar cerca de la familia por más que sean igual de amargos que tú y que tu hermano se coma toda la comida, o que tu mamá se ponga de necia e insista en llevarte a misa. Creo que se llama nostalgia esto que los que estamos lejos sentimos. Esto que hace que los señores se llenen de alcohol la panza para no sentir tristeza cuando miran las fotos de sus hijos; o cuando se ponen a pensar en la novia que dejaron allá en su tierra y que piensan que los está esperando cuando seguro ya anda con otro buscando los regalos decembrinos. Creo que se llama tristeza esto que se siente en el corazón y que hace que uno piense en que de estar en tu casa ya estarías tomándote un ponche calientito o que tu mamá y las vecinas estarían haciendo de esas cosas feas que se llaman buñuelos y que no te gustan porque tienen grasa pero que en este momento se te antojan tantito. O que tu mejor amiga estaría buscando recetas del pavo para volver a hacer la misma… y te mandaría a picar cosas y  te harías ojo de hormiga para irte a ver una serie acostada con tus sobrinas. Y es aquí que piensas que te has pasado la vida criticando la navidad y diciendo que la odias mientras te pones tus chones rojos con estampados del Grinch para que los demás vean que eres distinta; pero que si te dieran a escoger ahora pedirías estar con tu gente aunque no te dieran regalos, aunque comieras frijoles, aunque no estrenaras ropa y aunque te abrazaran tanto como en la casa de los Patiño. Navidad estando solo no es navidad. Navidad es una fiesta para estar con la familia. Sólo los que están lejos de los que aman saben de lo que hablo, saben lo que se siente que por más alcohol que tomes y por más comida que le metas a tu cuerpecito no llenes ese vacío. Podrás vestirte de gala, podrás tomar un buen vino; pero no llenas el espacio que sólo llena el cariño. El cariño de tus padres, el de tus hijos, el de tu pareja, el de tus hermanos o el de tus verdaderos amigos. Así que acabo estas líneas con la intención de mañana irme a la Ruta del Vino, al cabo ya  vi que salen camiones que van desde Ensenada hasta Valle de Guadalupe y cuestan 15 pesitos; no sea que estando aquí encerrada en el camión de Don Pícaro me agarre la tristeza y vaya a empezar a moquear, pues  al fin y al cabo yo quise estar aquí y no en mi casa con los míos; así que ,como diría el sabio Ferras, ahora la bebo para no derramarla y me aguanto como las machas sin nada de lagrimitas… y termino estos apuntes de camarote para mandarlos a mi blog, a ver si las administradoras se acuerdan de que existo, no sin antes desearles, aunque suene a cliché barato, la mejor de las navidades: la que se vive en familia.
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Se considera librepensadora, escribe sobre lo que se le pega su regalada gana, tal como lo hace un niño que se expresa abiertamente sin pensar en qué dirán los demás.  Elvia Hernández 24/12/2017 Elvia Hernández
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“El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad”. Charles Dickens La gente normal suele soñar viajes al otro lado del mundo. Se ven vacionando en Italia, Francia, España o Inglaterra… mínimo piensan en probar suerte en Las Vegas o ir a Canadá a ver la nieve. También los hay que prefieren ir a Sudamérica y se lanzan a Argentina a atiborrarse de carnes, a Brasil a echarse el taco de ojo con las nalgas de las muchachas, a Colombia a operarse las bubis… o a Cuba a darse una vuelta por Varadero en busca de algún placer. Mi sueño era muchísimo más simple: pensaba en comprar un cochecito para viajar de punta a punta de México y hacer de mi vida una road movie en lugar de una película aburrida como la que había vivido los últimos años encerrada en mi oficina. Dicen, los que creen en eso, que debes tener cuidado con lo que deseas porque se te puede conceder. No compré el coche en cuestión… o más bien sí lo compré, pero viajar yo sola en él me dejaría en la ruina y he vivido tantas cosas en ese chevy que me da miedo que se me quede a medio camino… Resulta que en el momento que escribo estos apuntes me encuentro desparramada en la cama de un tracto camión… tantos años trabajando para Gruver y no alcanzo a distinguir si es un Columbia o un Cascadia; pero dice Freightliner bien clarito. (Esperanza Carrión, le dices a tu patrón que me pague el patrocinio). Debo decir que está a toda madre… que no se pasa nada de frío y que si miro bien el panorama, este camarote es casi del tamaño de mi cuarto pues en el mundo real vivo en una mini casita. Llevo casi 6 meses viajando con este circo. Soy una extraña en este mundo de artistas. Soy común. No tengo ningún talento extraordinario como casi todas las personas entre las que vivo; pero estar aquí, en este camión en el que he dormido la última semana, ha hecho que se cumpla de algún modo mi sueño de andar del tingo al tango mientras decido regresar a la vida normal, casarme y tener un hijo (ya merito, familia, ya merito). No he recorrido todo el país tal y como lo soñé, si acaso he conocido algunas ciudades del norte de México y debo decir que ya me cansé. Ser trotamundos no es fácil. No sé cómo le hacen los de circo. Escribo estos breves apuntes porque mañana es navidad y estaré aquí sola cual perro y como que siento feíto. No es que me importen las fiestas, sino que de repente sí hace falta el asunto de estar cerca de la familia por más que sean igual de amargos que tú y que tu hermano se coma toda la comida, o que tu mamá se ponga de necia e insista en llevarte a misa. Creo que se llama nostalgia esto que los que estamos lejos sentimos. Esto que hace que los señores se llenen de alcohol la panza para no sentir tristeza cuando miran las fotos de sus hijos; o cuando se ponen a pensar en la novia que dejaron allá en su tierra y que piensan que los está esperando cuando seguro ya anda con otro buscando los regalos decembrinos. Creo que se llama tristeza esto que se siente en el corazón y que hace que uno piense en que de estar en tu casa ya estarías tomándote un ponche calientito o que tu mamá y las vecinas estarían haciendo de esas cosas feas que se llaman buñuelos y que no te gustan porque tienen grasa pero que en este momento se te antojan tantito. O que tu mejor amiga estaría buscando recetas del pavo para volver a hacer la misma… y te mandaría a picar cosas y  te harías ojo de hormiga para irte a ver una serie acostada con tus sobrinas. Y es aquí que piensas que te has pasado la vida criticando la navidad y diciendo que la odias mientras te pones tus chones rojos con estampados del Grinch para que los demás vean que eres distinta; pero que si te dieran a escoger ahora pedirías estar con tu gente aunque no te dieran regalos, aunque comieras frijoles, aunque no estrenaras ropa y aunque te abrazaran tanto como en la casa de los Patiño. Navidad estando solo no es navidad. Navidad es una fiesta para estar con la familia. Sólo los que están lejos de los que aman saben de lo que hablo, saben lo que se siente que por más alcohol que tomes y por más comida que le metas a tu cuerpecito no llenes ese vacío. Podrás vestirte de gala, podrás tomar un buen vino; pero no llenas el espacio que sólo llena el cariño. El cariño de tus padres, el de tus hijos, el de tu pareja, el de tus hermanos o el de tus verdaderos amigos. Así que acabo estas líneas con la intención de mañana irme a la Ruta del Vino, al cabo ya  vi que salen camiones que van desde Ensenada hasta Valle de Guadalupe y cuestan 15 pesitos; no sea que estando aquí encerrada en el camión de Don Pícaro me agarre la tristeza y vaya a empezar a moquear, pues  al fin y al cabo yo quise estar aquí y no en mi casa con los míos; así que ,como diría el sabio Ferras, ahora la bebo para no derramarla y me aguanto como las machas sin nada de lagrimitas… y termino estos apuntes de camarote para mandarlos a mi blog, a ver si las administradoras se acuerdan de que existo, no sin antes desearles, aunque suene a cliché barato, la mejor de las navidades: la que se vive en familia.
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24/12/2017
Elvia Hernández
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